El turismo significa menos pesca y esto repercute en el estado de los recursos. De este modo se protegen las reservas sin necesidad de establecer paradas biológicas.
ANTÓN LUACES. 700.000 euros dedica la Consellería de Pesca a potenciar el turismo vinculado a la pesca. Pesca-Natur es un paso que permite pescar menos -pesca sostenible- y mantener los niveles económicos del sector de la bajura. La presencia a bordo y en aguas no demasiado lejanas de la costa de turistas reduce la capacidad de pesca del barco que los acoge. Pero la tripulación de la embarcación no ve reducido su beneficio económico. Son dos circunstancias a tener en cuenta ante proyectos como los de Mar de Lira o Mar de Laxe, y próximamente la incorporación de Fisterra, amparados en el plan Pesca.Natur por el que el turismo y la pesca no son, ni mucho menos, incompatibles, como lo demuestran los italianos con su plan de Ictio-turismo que aquí se quiere aplicar en el marco de las ayudas contempladas a este fin en el Fondo Europeo de la Pesca.
Son, en cualquier caso, ingresos "extra" para una tripulación y armador que no hacen ascos a la economía. La pesca-turismo puede solventar muchos problemas: por ejemplo, resulta impensable que el barco que lleva a bordo a media docena de turistas, emplee dinamita para pescar sardinas.
El turismo significa menos pesca y esto repercute en el estado de los recursos. De este modo se protegen las reservas sin necesidad de establecer paradas biológicas.
Acabo de regresar de un viaje de dos semanas a Noruega. El sur y el sureste de este país está perdiendo barcos de pesca a marchas forzadas. Arendal o Kristiansand, por ejemplo, son localidades importantes en el entramado ciudadano noruego donde ya no resulta fácil encontrar un pesquero. Y, sin embargo, es habitual contemplar en sus fiordos cómo pescan responsablemente los tripulantes de las embarcaciones deportivas que surcan sus aguas y que arrojan a estas todo ejemplar capturado que no da la talla establecida.
¿Pesca o turismo? Ellos, los noruegos, lo entienden como algo natural siempre y cuando se mantenga el respeto a la norma. Allí es fácil encontrar "bacaladillas" (nuestro lirio) de 40 o 50 centímetros longitud y casi un kilogramo de peso, cuando el que llega a nuestros mercados, capturado por nuestra flota, apenas alcanza el palmo de una mano y escasos 100 gramos de peso. A uno se le hace difícil pensar que esto sea posible, hoy por hoy, en aguas donde pescan nuestros barcos y los profesionales del sector.