Cuando Manuel Loureiro empezó a envasar algas en su fábrica de conservas de Ribeira para comercializarlas, hace catorce años, a la gente le extrañó. Delante de Conservas Lou, la marea baja dejaba al descubierto una gran extensión de terreno que alfombraba el vegetal acuático, y él y sus trabajadoras lo recogían. Un día, un paisano los vio y se quedó desconcertado. «¿Pero o alghaso cómese?», preguntó, asombrado. «Cómese», le respondió Loureiro. Entonces, el hombre contempló la cantidad de algas que yacían tiradas en la costa y proclamó con resignación: «¡Ai Dios mío, e coa fame que se pasou en España na gherra!». En la gastronomía marina, la innovación a veces solo consiste en abrir los ojos. Por eso es tan difícil.
De ella, de la innovación, se habló ayer en Vigo en el seminario A gastronomía do mar como valor engadido do turismo mariñeiro en Galicia . El Centro Tecnolóxico do Mar (Cetmar) intenta promover que el turismo vinculado al mar en Galicia aproveche también el componente gastronómico. Es una forma de diversificar los negocios.
Ya hay experiencias al respecto. El envasado de algas es una, pero no la única. El ejemplo más evidente es el que presentó la presidenta de la agrupación de percebeiros de la Cofradía de Baiona, Susana González: el paté de percebe. Sus promotores esperan poder empezar a venderlo a partir del 2010 y de momento, lo llevan a catas para que la gente lo valore y haga sus sugerencias.
Los cocineros proponen
En el encuentro, al que acudieron profesionales del sector, también estuvieron presentes algunos de los representantes de la nueva cocina gallega: Xosé Torres Cannas (del restaurante Pepe Vieira, en Poio), Yayo Daporta (del establecimiento homónimo, en Cambados) y Pablo Romero (del Allo e Aceite, en Marín). Los tres restauradores gallegos explicaron que intentan integrar los productos tradicionales del mar en la nueva cocina.
El propio Torres, cuyo restaurante ha recibido recientemente una estrella Michelin, apuntó alguna idea para vincular la gastronomía al turismo. Pasa por potenciar el trabajo del productor. Se podría, propuso, organizar una ruta para que el propio consumidor vaya a coger percebes, por ejemplo. «Un xaponés que veña non vai discutir o prezo», afirma.